martes, 28 de noviembre de 2017

Puerto Rico necesita una Revolución


Sin duda alguna Puerto Rico está pasando por la crisis más profunda en su historia moderna. Ahora, es importante recalcar que el desastre que causó el huracán María en la isla no es solo obra de la furia de la madre naturaleza. Las decisiones tomadas por la clase política-corporativa del país, la que siempre ha colocado sus intereses económicos por encima del bienestar de la mayoría del pueblo, hizo del país uno muchísimo más vulnerable a eventos atmosféricos como María.

El Huracán María solo destapó lo que muchos gobernantes y sus seguidores querían ocultar por mucho tiempo, que Puerto Rico es un país pobre con uno de los índices de desigualdad más altos del mundo. Un lugar en donde el estado ha abandonado o destruido deliberadamente las instituciones que se supone velen por el bien común de sus ciudadanos. El colapso de la infraestructura, la energía, la salud, la educación, la agricultura y el comercio local venía ocurriendo desde antes de María, está solo se llevó el toldo con el que la clase dominante ocultaba la realidad.

Lo más frustrante de todo esto es que esa clase gobernante y corporativa del país está empeñada en dejar que el libre mercado sea la solución al problema de la crisis, un problema creado por la misma veneración incuestionable al libre mercado desde la ideología neoliberal. La clase gobernante-corporativa del país ahora recomienda más privatización, más austeridad y hasta la suspensión de derechos adquiridos por los trabajadores. Hacen todo esto utilizando la crisis que ellos mismos han creado como excusa y es por esa razón que Puerto Rico necesita una revolución.

Puerto Rico necesita una revolución que ejerza la presión política necesaria para transformar las instituciones socioeconómicas del país, y hacerlas que trabajen para todos y no para las minorías ricas locales o las de afuera. Necesitamos una revolución forjada en el bien colectivo y la solidaridad, que diseñe un modelo de país en donde la educación de alta calidad, el acceso a excelentes servicios de salud y el desarrollo de una economía justa y sustentable sean los pilares de ese nuevo Puerto Rico.

El primer paso para revolucionarnos es renunciar a todos esos mitos de auto-menosprecio que se nos han inculcado desde la cuna colonial. Tenemos que dejar a un lado esa idea dañina de que somos inferiores o incapaces solo por haber nacido en este pedazo de tierra en El Caribe. Tenemos que reconocer que el que nuestros gobernantes de siempre no sean capaces de trabajar para el bienestar de todos, no significa que no haya otros Puertorriqueños capacitados y con mucho compromiso e integridad para transformar a nuestro país en uno que trabaje para el bienestar común. 

Si algo positivo hemos experimentado en el Puerto Rico post-María es que juntos en solidaridad podemos alcanzar el bienestar en nuestras respectivas comunidades. Esa extraordinaria labor colectiva ha sido la responsable de levantar a muchas comunidades por toda la isla en donde el gobierno federal, estatal o municipal brilla por su ausencia. Mientras el gobierno y los oportunistas en el aclamado sector privado buscan cómo enriquecerse de la crisis, el pueblo redescubrió el poder de la solidaridad y es ese poder el que nos llevará a un nuevo despertar revolucionario.

Hemos visto como el opresor gobierno estadounidense y sus lacayos en el gobierno colonial estropean deliberadamente la recuperación de la isla, para así agudizar la crisis y continar con sus nefastas agendas de control sobre el pueblo Puertorriqueño. Debido a esas acciones, muchos Puertorriqueños han comenzado a revolucionar su pensamiento. El terreno está fértil para el desarrollo de una revolución forjada en la verdadera democracia, en donde las mayorías se llenen de valor y remuevan del poder a esos de siempre que se aprovecharon, aprovechan y aprovecharán de nuestra situación colonial antes, durante y después del impacto de un poderoso huracán.

Tenemos un nuevo papel en blanco en donde podemos escribir sobre lo que debe ser el nuevo Puerto Rico. No dejemos que los mismos ideólogos neoliberales capitalistas de siempre nos convenzan con sus planes, los mismos planes nefastos que nos llevaron a la crisis que hoy sufren nuestras hermanas y hermanos en la isla. Es hora de removerlos del poder para al fin tomar el control de nuestro país, y juntos en solidaridad construir un Puerto Rico que trabaje para todos y no solo para la misma clase política-corporativa corrupta de siempre.

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